Creo que todos seguimos con expectación los avances en la conducción autónoma  que se han logrado en los últimos años, tantos que ya circulan por algunas calles coches que se desplazan solos, trabajando como taxis. Sin duda, este será (ya es) uno de los mayores hitos en lo que podemos llamar la aplicación de la “informática” en la vida real.

Pero mirando más allá del tremendo logro tecnológico que supone que un coche conduzca solo, vemos que no es realmente autónomo. Es decir, al margen de hacer los trayectos y tal vez cargarse las pilas solo en el garaje de casa, va a necesitar que los humanos le hagan lo revisen, lo reparen, lo laven y que paguen sus impuestos…

¿Los coches autónomos serán realmente autónomos? Pues sí, con toda seguridad, gracias a lo blockchain, a los smartcontracts y al concepto de DAO (Decentralized Autonomous Organization)… pero vayamos por partes.

¿Qué es un smart contract?

Supongo que te suena el concepto de blockchain, la gran base de datos replicada en una red peer to peer sin autoridad central y que es imposible de falsificar. Si no es así, baste decir que es la tecnología que se inventó para hacer posible el bitcoin, pero que tiene muchos más usos, entre ellos, dar soporte a los smart contracts.

Un smart contract es un acuerdo entre dos o varias partes, que se implementa mediante un lenguaje informático (a todos los efectos es un programa), que es capaz de ejecutarse y hacerse cumplir por si mismo.

Este programa se ejecuta en los nodos de la red blockchain y sus resultados, las transacciones que produce son grabadas en piedra en la cadena de bloques. Digamos que su ejecución es inapelable e imparable y su resultado es aceptado como cierto por los integrantes de la red sin posibilidad de fraude.

DAO

¿Qué sucedería sin una empresa se gestionase únicamente con smart contracts? ¿Se podría llegar a un punto en que una empresa no tenga porque tener empleados? Pues parece que sí.

Si el valor de la empresa, sus activos, se codifican mediante tokens en blockchain serán los propietarios de estos tokens los verdaderos dueños de la empresa y podrán participar en las decisiones de este particular consejo de administración. Pero una vez que estas decisiones están tomadas y se marca la estrategia de la empresa, el día a día está completamente automatizado porque los smart contracts se ejecutan solos. Este ente llamado DAO, podrá contratar a proveedores, podrá pagarles y asegurarse que se fabrican, transportan o prestan los bienes y servicios de los que se ocupe la empresa.

¿Y si esta empresa es nuestro coche autónomo? Pues el circulo se cerrará y además de conducir sólo, este coche acudirá a un punto de carga, se cargará automáticamente y lo que es más pagará por el servicio el mismo, transfiriendo tokens o criptomonedas a través de un smart contract del punto de carga. Lo mismo ocurría cuando tenga que ir al taller o a pasar revisión.

A todos los efectos, un coche verdaderamente autónomo podrá “vagar” por esos mundos durante años sin que ningún ser humano se tenga que preocupar de su mantenimiento… increíble y con un punto inquietante diría yo… pero ¿por qué no?. La tecnología ya está aquí.