Todas las empresas serán empresas de software o no serán… no sé exactamente quién dijo esto, seguramente un gurú de la tecnología, pero no puedo estar más de acuerdo. Ya he hablado sobre esto en en este blog, las empresas son empresas de software, las que fabrican sillas, zapatillas deportivas, las que distribuyen pizzas, los bancos, las empresas industriales…. ¿alguien lo duda?.

age of tech

Precisamente por la constatación de esta realidad todavía me llama más la atención la situación de uno de los profesionales clave en todo este escenario… si las empresas (todas) son empresas de software, ¿que sucede con las personas que precisamente hacen este software?.

Un programador en España, al menos desde hace 20 años hasta ahora, es lo que podríamos definir como el último eslabón de la cadena trófica del desarrollo de software. Tradicionalmente, en este país no ha existido el desarrollo de productos de software, prácticamente todos los que desarrollan trabajan para terceros en empresas de “consultoría”, normalmente grandes empresas que subcontratan esta actividad por creer que es algo que no forma parte del “core” del negocio. Al fin y al cabo, desarrollar el area de clientes de un banco, por poner un ejemplo, habría que equipararlo prácticamente con la construcción de un edificio de oficinas o el servicio de limpieza de las mismas… ¿o no?.

Pues la verdad, esto es que lo parece. Al menos en España, mi sensación es que en los países anglosajones no es así, a un programador se le considera normalmente como un becario que acaba de salir de la universidad (no necesariamente de la de Informática) y que está empezando en el mundillo. Por eso es a la que peor que se le paga y se considera. Si tiene suerte, con el paso de los años, promocionará a un puesto de analista o de Jefe de Proyecto, librándose por fin de la maldición del “picata”, es decir, el tío (pobrecillo) que está picando líneas de código.

Precisamente, debido a esto, es prácticamente imposible encontrar un programador senior que sepa mínimamente lo que hace. Si uno es un poco despierto, en unos pocos años ya estará en un puesto de gestión haciendo Gantts e informes de situación del proyecto. Además, ¿hay algo más triste que un programador de más de 40 años? Claro, como el tío no es muy espabilado, no ha podido progresar en su carrera, pobrecillo.

Sólo quedaba, quizás, una válvula de escape, para las personas que querían seguir por la llamada “carrera técnica” en lugar de pasarse a la carrera de gestión. Y era la de convertirse en arquitecto. Con este perfil tenías una prórroga para continuar trabajando en lo que te gusta manteniendo un poco el tipo y además, incrementar tu tarifa para que el cliente soltase más dinero/hora cosa que no haría, obviamente, si en tu perfil seguía apareciendo “programador”.

El developer al rescate

En los últimos años, menos mal, se está imponiendo una forma de ver las cosas diferentes. Quizás también como consecuencia de la puesta en valor de los productos software en lugar de la consultoría. Creo que en el sueño de todo programador está el trabajar para una empresa con un producto propio, en la que pueda ejercer su carrera durante años, y que pueda desarrollarse verdaderamente como profesional, en lugar de trabajar proyecto a proyecto en una empresa de servicios.

Como considero que el término programador, úsese también la palabra programata, está tan desprestigiada me parece que no nos queda otro remedio que tirar de la palabra en inglés: developer. ¿A qué suena distinto?. Developer nos evoca una startup en San Francisco, alguien que está “cambiando el mundo” creando programas increíbles con tecnologías con las que algunos sólo sueñan…

Así pues, no nos queda otro remedio que referirnos a nosotros mismos como developers, de la misma forma que recomendaría que todo Jefe de Proyecto que se precie se denominase Project Manager.

Agile y devOps

Decía un famoso periodista deportivo que “el tiempo es ese supremo juez que quita y da razón”, y parece que ya estamos cerca de esto. Y es que la influencia de Estados Unidos es muy fuerte y un país como España no puede ignorarla.

Al final ¿En qué se traduce esto que llaman agile y devops? Pues que las jerarquías y estructuras tradicionales en los equipos de desarrollo de software se desmoronan y se convierten en otra cosa. Como dicen ahora, el desarrollador se “empodera” (que mal suena) y se convierte en el verdadero protagonista y centro de gravedad del proyecto de desarrollo. Ya no es el operario de una cadena de producción que se limita a hacer un trabajo mecánico e indistinguible del resto, si no que es el protagonista de la película, al fin y al cabo es el que hace eso llamado software del que están hechas las empresas, más valioso aún que la tinta de las impresoras, el verdadero El Dorado del siglo XXI.

¿Justicia poética? justicia al fin y al cabo.

 

 

Anuncios