san-francisco-210230_640Según la Wikipedia, Internet de las Cosas (más conocido por sus siglas en inglés IoT) es “un concepto que se refiere a la interconexión digital de objetos cotidianos con internet). Por objetos cotidianos entendemos cualquiera que pueda incorporar un chip de comunicaciones, que en su forma más sencilla (RFID) ni siquiera necesita energía propia para funcionar. Hoy en día, prácticamente todos los objetos son susceptibles de ser conectados, desde los grandes electrodomésticos como las lavadoras y lavavajillas hasta los más pequeños como termostatos, enchufes, bombillas, puertas, ventanas, etc. etc.

Se calcula que el ser humano está rodeado por entre 1000 a 5000 objetos. Algunos cálculos hablan de que vamos a tener entre 50 mil millones y varios cientos de miles de millones de objetos conectados a internet en todo el mundo dando lugar a una internet realmente ubicua. Los ámbitos de aplicación serán prácticamente todos los conocidos: desde el propio cuerpo humano, con implantes, tatuajes y dispositivos que podrán recorrer el torrente sanguíneo, pasando por los vehículos conectados hasta las propias casas, con miles de objetos en su interior que formarán un sistema digital interconectado que revolucionará la forma que nos relacionamos con las cosas.

En el hogar

En el ámbito específico del hogar, la aplicación de IoT revolucionará completamente todos los aspectos que podamos imaginar. En primer lugar desde el punto de vista de la seguridad ya que tendremos acceso a multitud de cámaras y sensores que detectarán cualquier intrusión o peligro. Y el cambio fundamental será por un lado que esta sensorización no será un añadido que se le pone a los objetos, como los detectores de apertura de ventana que está conectado por cable o por radio a una central de alarma. Será la propia ventana la que tenga interiormente esta funcionalidad y se conectará automáticamente al ecosistema de objetos de la casa de manera natural.

Otro aspecto a destacar será el del consumo de energía y confort de los habitantes de la casa. Volviendo al ejemplo de la ventana, además de los aspectos propios de la seguridad que se han comentado anteriormente, ésta será capaz de saber que nivel de energía solar está recibiendo y se excede cierto límite volverse automáticamente más opaca e informar al resto de la casa que tiene que bajar la calefacción o conectar el aire acondicionado. Este concepto aplicado a todos los objetos del hogar hará posible un ahorro en energía sin precedentes.

De manera análoga a las células nerviosas de nuestro cerebro, que son sencillas en esencia pero que al estar conectadas con otras células se convierten en inteligentes por un efecto de red, los objetos conectados convertirán al sistema en el que están en inteligente por el mero hecho de estar interconectados.

Tres niveles

Así pues, aunque sea a un nivel informal, se me ocurre que que podríamos definir tres niveles de complejidad o de inteligencia en este sistema conectado:

En un primer nivel de consciencia todos los objetos del hogar podrán informar de su estado. En el caso de una bombilla, si está encendida con qué intensidad, el termostato podrá informar de la temperatura de la casa, la ventana si está abierta o cerrada y así hasta el infinito… hasta el más nimio detalle del sistema será conocido en tiempo real y toda esta información podrá ser utilizada para todo tipo de increíbles funcionalidades que al día de hoy nos cuesta imaginar.

Un segundo nivel, será el de la actuación, es decir, los objetos no se limitan a observar e informar si no que pueden cambiar su estado y el estado de las cosas que lo rodean. Así a una ventana se le podrá decir que se cierre, al termostato que suba la temperatura, a la bombilla que alumbre con cierta y intensidad y color de luz… y estos cambios podrán retransmitirse en cascada por todos los objetos creando una especie de ser vivo que será consciente de su entorno y que podrá adaptarse al mismo.

El tercer nivel lo podríamos definir como el de la inteligencia: a partir de la ingente cantidad de datos que se obtienen de los cientos o miles de objetos conectados en el hogar, es posible alimentar un machine learning que que pueda prever cómo hay que actuar en el futuro. Este concepto es fácil de entender por ejemplo en un termostato de la calefacción. Si este termostato a lo largo de un tiempo que podríamos definir como de aprendizaje informa de su estado, de las acciones (subir y bajar la temperatura) combinado con servicios externos como de previsión del tiempo, sensores que informan quien y cuantas personas están en la casa, es posible crear automáticamente un algoritmo que gobierne el funcionamiento de este termostato sin intervención del usuario, de manera transparente, eligiendo una temperatura óptima que además ahorre energía (y dinero) y de paso beneficie al medio ambiente. ¿Alguien da más?.

Conclusión

Y ahora: ¿os imagináis ahora todos los objetos de la casa conectados a internet exponiendo un API de servicios para conocer su estado y actuar sobre ellos?. Ilusionante, sin duda ;-).

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