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Desde hace mucho tiempo, ha habido negocios entre empresas. Desde hace no tanto tiempo, estos negocios han empezado a hacerse de manera electrónica. Al principio de las más diversas maneras, desde los apaños más variopintos (mediante ficheros, emails,  …) pasando por EDI y otros estándares, en incluso (como no) con servicios SOA B2B.
Sin embargo en el más habitual  de los casos, esta integración entre empresas, aún cuando se basa en servicios SOA, se hace  para cada caso concreto y pensando en que una gran empresa o un mediador invoca a una empresa más grande aún que era la que vendía un cierto producto.
En la actualidad, sin embargo, con el auge de Internet y sobre todo con el de la movilidad… con la “consumerización” de los dispositivos móviles, o dicho claramente, que todo el mundo tiene un smartphone y lo usa para chatear, jugar, ver el Facebook y también, cada vez más, para comparar.
¿Cómo hace una empresa para vender los productos a estos potenciales clientes?
La solución más básica, y más “clásica” consiste en hacer una web y/o una app móvil de ecommerce en el que el cliente puede entrar y comprar los productos de esa empresa.

Hay que ir con los tiempos

La otra opción, más actual y acorde con los “tiempos”, es ofrecer un conjunto de servicios web que dan acceso al catálogo de productos (para “mirar” y también para comprar). Y este conjunto de servicios, en forma de API.
Con los API’s creo que el enfoque cambia para una empresa que quiere ofrecer sus productos, ya no se piensa en proporcionar tal o cual producto a tal o cual empresa con la que tiene un gran acuerdo de cooperación. Con los API’s, la cosa se “democratiza” y cualquiera capaz de programar una aplicación puede vender estos productos. Prácticamente la única condición es construir esta aplicación y ser capaz de invocar a los servicios  que la empresa “vendedora” te proporciona.
En resumidas cuentas, la empresa ofrece sus servicios, y no le importa mayormente dónde o cómo se compran sus productos. ¿O es que alguien sabe cual es la forma en la que se accederá a tus productos dentro de un año? Quizás Facebook se hunda, quizás surja una nueva app o “moda”… quizás los chinos de Alibaba desembarquen en Europa y sea la platatforma preferida de los consumidores para comprar (como lo es en China actualmente)… ¿quién lo sabe? y ¿nos debe importar? yo creo que no, gracias a las APIs…

Pero, primero ¿qué es un API?

Todos los que hemos programado sabemos que es un API de los, digamos, clásicos… esto es, que una empresa o la misma comunidad, nos proporciona una librería de código con alguna funcionalidad y desde nuestro programa llamamos a este código a través de unos cuantos métodos o funciones públicas y documentadas.
El primer objetivo de un API, es precisamente ese, facilitarle las cosas a un programador para que pueda usar nuestra funcionalidad.
Sin embargo, si este API no es una librería que se ejecuta junto a nuestro programa sino que es un conjunto de servicios (normalmente REST) que se ejecutan en remoto en un servidor nuestro o el de otra empresa, la cosa se complica un poco más (al menos para mí) ¿Qué diferencia hay entre un API de servicios y un conjunto de servicios? En teoría no debería haber mucha diferencia entre un conjunto de servicios bien diseñados y un API.

Conclusión

Es necesario disponer de un frontal propio, tendremos una web responsive que sirva para PC y tablets, también podemos una app móvil que ofrezca una mejor experiencia de uso a nuestro cliente… sin embargo, debemos tener un API de servicios para que puedan comprar nuestros productos desde todos los sitios que se le puedan ocurrir a alguien (y los que se le ocurrirán a otra gente dentro de unos meses).
No tiene futuro continuar viviendo en nuestro pequeño mundo cerrado, en el culto al silo… hay que abrirse al mundo, y esto se hace con APIs
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