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Esta semana, he asistido al evento de IBM movilidad en Madrid. Aparte de conocer un par de productos de IBM que parecen francamente interesantes, hubo la habitual lluvia de cifras e informes de consultoras tipo Forrester o Gartner, diciendo algo que creo que ya no duda nadie:

Dentro de un tiempo (pueden ser meses o un par de años) la forma más usual de que un cliente interactue con la empressa no será la web de escritorio si no que será su móvil. Esto es así y es imparable.

En este contexto, me ha hago la siguiente reflexión: por muy sofisticada que sea una aplicación móvil, por norma general es una puerta de entrada a la funcionalidad que me aporta la empresa, al producto o servicio que me ofrece… y ¿como se hace eso? pues con servicios naturalmente.

Y es que ya sabemos que SOA tiene un problema de marketing. Por supuesto hay organizaciones (sobre todo en IT) que ven en este modo de diseñar aplicaciones la salvación del marasmo de funcionalidades y de conexiones punto a punto en el que están inmersos. Sin embargo, también las hay en que todavía no han percibido el verdadero valor que los principios de SOA les pueden aportar: desacoplamiento, contratos definidos, registro de servicios, eliminar las conexiones punto a punto, mayor flexibilidad, composición de servicios y un largo etc.

Es en este último caso en el que se necesita una prueba visible y tangible, algo que convenza a los más incrédulos que esto de SOA no es un invento de charlatanes vendedores de crecepelo… y en este punto, ¿qué nos encontramos?… las aplicaciones móviles.

Las mismas apps que llevan en su smartphone o tablet preferido, con un diseño tan bonito, pero que salvo algunas excepciones, no son nada si una capa importante de servicios de backend a los que acceder. ¿Cómo podríamos vender viajes o ropa desde una app móvil sin el servicio de comprobar stock o el de cobrar con tarjeta?

Así que al final va a resultar que los móviles van a forzar de verdad a seguir los principios de SOA. Al fin y al cabo los móviles están en internet y son cliente servidor. En esta ocasión no podemos recurrir al recurso fácil de conectar la pantalla con la base de datos. No nos queda más remedio que publicar servicios SOA (pueden ser SOAP o REST por supuesto), pero tienen que ser servicios SOA.

Conclusión:

Las aplicaciones móviles y los servicios SOA van de la mano. No podemos tener apps sin servicios, y dentro de poco no tendrá sentido tener servicios sin disponer también de apps móviles.