Ya he sacado a colación en este blog en varias ocasiones el hecho de que SOA no debe ser una cosa de técnicos y que no se puede comprar en una caja.Y que también, más que nada, es un cambio cultural que debemos abordar en nuestra organización. Un cambio que será más costoso de conseguir cuanto más grande sea nuestra empresa y más experiencia tenga en el desarrollo de software ya que constará mucho evitar la inercia de muchos años.

Precisamente uno de los primeros conceptos que debemos tener claros para abordar SOA es el de la propiedad del servicio. En el mundo tradicional de las aplicaciones silo, verticales o departamentales, todo estaba muy claro: un departamento, área, división o ramo de la empresa necesitaba una cierta funcionalidad y la implementaba con cargo a su presupuesto.

Sin embargo, en SOA, cuando un departamento crea un servicio, invirtiendo su tiempo y dinero en su construcción, este servicio se pone a disposición de toda la empresa. Incluso antes de construir el servicio, lo normal es darlo de alta en el registro de servicios, para que las personas interesadas (los futuros clientes) puedan suscribirse y ser informados de los cambios que sufre este servicio. Es a través de este registro, además, donde los clientes pueden pedir cambios y ampliaciones del servicio. En definitiva un esfuerzo en recursos y tiempo que tiene que poner de su parte el propietario del servicio:

¿es justo que muchos se “beneficien” del uso de este servicio, ahorrándose el coste de su construcción, mientras yo me gasto mi dinero?Es más, yo que lo he construido, ¿tengo también que hacerme cargo de su mantenimiento? ¿de ir añadiendo nuevas funcionalidades según me pidan mis clientes?

Aunque en un principio quizás no solemos reparar en esto, la propiedades del servicio y las responsabilidades inherentes a esta propiedad es uno de los escollos que se deben sortear (desde el primer momento) para la implantación de SOA. En este escenario, no sería descabellado que la dirección de la empresa, primera interesada en que la reutilizaciòn de los servicios sea un hecho, con el ahorro de costes que lleva a aparejado, premiase de alguna manera a estos “sufridos” propietarios. Tal vez, ¿por que no?, con una remuneración de algún tipo según su grado de uso. Por ejemplo, más presupuesto para poder abordar la construcción de más servicios.

Conclusión:
La propiedad de los servicios es la piedra angular sobre la que descansa una orientación a servicios. En lugar de ser un freno para la reutilización debería incentivarse al propietario para que sea el primer interesado en construir servicios utilizables y reutilizables por el resto de la empresa.

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