En un entorno para el negocio enormemente cambiante debido a la cada vez más fuerte competencia en un mundo globalizado, clientes cada vez más exigentes, cambios normativos y legales, etc., la velocidad para poner una aplicación en el mercado llega a ser crítica (el famoso time to market).

Por otra parte, en ocasiones, las empresas no tienen sus procesos de negocio correctamente definidos, por lo que no pueden ser gestionados ni optimizados correctamente. No se tienen métricas del negocio en tiempo real que proporcione información a los analistas de negocio para poder tomar decisiones casi inmediatamente.

Si a ello unimos que las aplicaciones tradicionales son poco flexibles y casi siempre constreñidas al ámbito de un área concreta de la organización, tenemos la foto completa de una situación a la que se puede poner remedio con la combinación de dos conceptos muy complementarios: BPM y SOA

BPM es una metodología empresarial para la gestión de procesos mediante su automatización (mediante herramientas informáticas). Su objetivo es modelar, integrar, monitorizar y optimizar los procesos de negocio de la organización. De tal manera que obliga a las empresas a pensar en el proceso como elemento central.

Por otra parte, SOA permite la implementación de nuevos procesos de negocio y la modificación de los actuales en menos tiempo y con menos coste, ayudando a rentabilizar la inversión ya hecha en software al integrar aplicaciones cerradas, antiguas y otros servicios de otras áreas de negocio (u otras organizaciones).

Al hacer corresponder un servicio SOA con un concepto de negocio, minimiza la “brecha” entre las áreas de negocio y T.I., pudiendo de esta manera hablar un lenguaje común.

Está claro que BPM y SOA se complementan y no se debería acometar una sin la otra. Con la aplicación de los dos, la organización puede adaptarse rápidamente al mercado obteniendo una ventaja competitiva.
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